Quede con una idea en la mente casi fijada tras leer respecto a cómo desde pequeños, nos ''escriben nuestra historia o guión vital'', sobre el concepto de que ''lo que conocemos necesitó que alguien nos mostrara''; estas entre otras ideas, y la influencia que tiene nuestro entorno en nuestras primeras vinculaciones, aspiraciones, nuestra forma de vincularnos con el mundo, me ha llevado a preguntarme, ¿Quién me mostró a mi que escribiera?, es decir solo tenía 9 años, cuando me lancé a esta aventura, casi sin saberlo terapéutica, y a la vez salvadora, de convertirme en la ''creadora'' de mi mundo interno en unos versos, un lapiz, un papel, y que luego se digitalizó en las computadoras. En concepto sé que me enseñaron a escribir en los primeros años de colegio, pero quién, me mostró esta opción, y camino de vida, como un faro en los momentos de soledad, tristeza, reflexión, cuando ''pienso sobre mi pensamiento'', cuando no encuentro las suficientes respuestas que estoy buscando con el solo eco de mis ideas. Como la memoria es tan falible, y modificable, no puedo asegurar que esto que les contaré sea real, capaz en esencia esta sujeto al afecto que he tenido por aquellos que mencionaré.
Mientras meditaba, con notable esfuerzo mental, lejos de lo esperado, que se dibujasen los rostros de mis padres, apareció el rostro de quién menos pensaba, mi tío, el hermano de mi mamá, inmediatamente esa idea me genero duda, es decir, imaginense esta situación, había sufrido para su desgracia, un accidente automovolístico cuando yo tenía 2 años, quedando cuadripléjico, hasta mis 12 años, cuando finalmente le fue permitido descansar de esa situación, no obstante, recordé, que muy a pesar de su temperamento, el siempre había sido amable conmigo, me enseño a jugar ajedrez, recuerdo que solíamos apostar en un juego de azar que llaman ''Quinela'' en mi país, y por un momento lo recordé, una vez el dijo, ''Hija, yo voy a escribir un libro de mi historia'', creo que ese deseo, humano de perpetuar nuestra identidad de alguna forma trascedental, que recuerde a quienes continúan quienes fuimos, es un sueño permanente en todos los seres humanos, pero, tampoco fue esa frase, lo que capaz, encendió una llama en mí, fue el acto heroíco de verle varios días, sostener un pincel grueso, y con una letra, ininteligible, disponerse a escribir, las manos las tenía rigidas, y comprenderán que es secuela neurológica de la lesión, las tenía como lo que conocemos en medicina, ''mano en garra'', por lo que sostener el pincel, y garabatear, sus pensamientos, habra sido un desafío.
Recuerdo ofrecerme reiteradas veces a ayudarlo, pero ese era su proceso, e imagino que dentro de su temperamento, y terquedad, la ayuda que venía de mi, era dificil de aceptar. El no lo sabe, no logró escribir su libro, pero si logró dejarme una huella profunda observando su resistencia.
En efecto, la escritura me ha acompañado en diferentes etapas, y ha sido una recompensa en la mayoría de ellas, recuerdo que mi madre, antes de saber mis resultados acadèmicos, preparaba una nota escrita a computadora o a mano (tenía dislexia, entonces solía colocar al revès unas letras, en ese momento no lo entendía, ahora lo comprendo, no había forma de dudar por ello, que era de su autoría), y colocaba con su labial un beso al final de la nota, sus mensajes siempre eran alentadores, sin importar el resultado, aunque estoy segura, que no existió, ni existirá nadie más, que confie tanto en mi, como ella, no había mayor refuerzo, que aquella nota que hasta ahora atesoro, aún mas en su ausencia. A esto me refiero, en como la escritura me ha atravesado el alma.
Pero quien, escribe en demasía, es mi padre, quién se había enfocado en mi adolescencia, a dejarme en claro, el decálogo de prioridades en la vida, y cargando el sin saber, quizás, con la enorme responsabilidad de mi cuidado, hasta la fecha, sea en sus momentos de alegría, o cuando tiene algo que sugerirme, tiene las palabras correctas para expresar aquello que piensa o siente, destaco su oratoria, pero reconozco, que prefiero sus letras.
Entonces meditando dije, que además, en esta red de personas, aparecieron, tutores, docentes, amigos, que me habian entregado cartas, notas, unas palabras de aliento, una confesión, un consejo, pero siempre estuvo ahi, ''la escritura'', como mediadora, como guía, como ancla, como puente.
Agradezco tanto, a todos, la oportunidad de habitar hoy, esta esencia mía, no puedo sino sentirme màs afortunada, por cada una de las personas que cruzaron mi camino, y por el don, de poder compartir, estas palabras.
Sofìa Alvarenga Giosa