domingo, 12 de julio de 2026

Sobre el ego, y las trampas de la identidad construida.

 Según el DRAE, EGO, Del lat. ego 'yo'.

m. Psicol. En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior.

Si el significado etimológico, del latín, es el ''yo'', podríamos entender por ego, a la percepción que tiene el sujeto sobre sí mismo, y ese yo que interactúa con el medio que lo rodea. 

No obstante, si intentáramos que el sujeto defina su ''yo'', comienza un choque frontal con el verdadero significado de éste, porque inmediatamente, o hasta inconsciente de sí, responderían algunos, el ''hacer'', o el oficio al cual se dedica, otros responderían con las pasiones que dominan sus ratos libres, pero ninguna de ellas terminaría por definir por completo la identidad a la que responden todos los dias, y esta ''parcial consciencia'' a la que se refiere el psicoanálisis, que media entre los instintos y los ideales. 

Entonces comienza la confrontación con la identidad construida del ''ego'', es decir, ¿qué es lo que hace que yo sea quien creo que soy, es la imagen reflejada del otro, cuando habla sobre mis virtudes, valores, cualidades, y defectos, es a caso la narrativa histórica de mi ciclo vital, con sus aprendizajes y desaciertos, y en medio de eso la voz de mis tutores que impregnaron de su propio ''yo'', al mío?, ¿es el nombre, basta con esa designación o etiqueta verbal que se otorgó al nacer (de la cual no fui llamada a elección) para nominarme como existente, tangible, visible, y no solo indentificarme, darme ''una identidad''. Si respondemos a un nombre del cual no fuimos invitados a elección, entonces basta con esa ''identidad asumida'' para definir nuestra identidad? 

En medio de esas nebulosas de preguntas, no del todas resueltas, surgieron algunas respuestas, que no son verdades asumidas, y aclaro esto para que el lector no se confunda pensando que esto data de una exhaustiva investigación, es solo una invitación a mi medio interno y mis pensamientos, entendí como muchos otros humanos probablemente hace miles de años atrás, que pensaron lo mismo (porque aunque no queramos asumirlo, las mismas preguntas, y respuestas parciales, fueron pensadas por otros humanos como nosotros), estaba enamorada de este ego, o este yo que es una identidad que fue construida, mucho antes de mi existencia, desde mi ubicación geográfica en el mapa, la cuna donde nací, los valores que me enseñaron que son aquellos por los que debo luchar, entonces esta identidad, se fue construyendo, y yo la fui abrazando, protegiendo, porque pensé que justificaba mi existencia y valía. 

No obstante, este mismo ''yo'', causaba dolor, cuando percibía agravios, desvanes, indiferencia, o desafíos a sí, y lo mas llamativo, es que en ese preciso momento, no terminaba por definir lo que era el ''yo'', y donde empezaba los límites y finales de sí, fue sencillo asociarlo al valor que medían otros de mi misma, y el ''yo'' se volvía cada vez mas difuso, un mosaico de muchas piezas que me pertenecían, pero me impresionaban ajenas.

Como el ''yo'', fue confundido con muchas cosas, tuvo que limitarse a lo que socialmente era reconocido y valioso, para confirmar su existencia, y su paso en este momento histórico, y entendía que habían muchos otros ''yo'' de los demás, algunos muy enamorados de esos conceptos, otros limitados en cuadriláteros de lo que sostienen esa identidad, algunos gritaban cuando se sentían amenazados a desaparecer. 

Me centre en el reconocimiento que daban los otros del ''yo'',  no entendía como algunos ''yo'', se encontraban complacidos en su existencia, y otros parecían vivir en una amenaza constante, que hacía tan diferente entre unos y otros, ¿era entonces el problema realmente el ego?

Lo que observe, es que existen aquellos que buscan el reconocimiento de su ''yo'', en los demás, necesitan que le recuerden quienes son, y aunque por ser seres sociales, necesitamos la construcción de esta vinculación para formar una parte de nuestra identidad, definirla solo por estos parámetros, es como responder a la pregunta del ''yo'', con el ''hacer'', no somos solo lo que hacemos, somos el infinito de posibilidades que sucede antes de nuestra existencia, durante, y el después, pero cuando quien soy, esta atravesado por la mirada del otro, para obtener el reconocimiento de nuestra existencia, el ego grita. A veces olvidamos que no necesitamos el reconocimiento para nuestra existencia, existimos, vivimos, pasamos por este espacio temporal.

Entender que, así como no pedimos permiso para nuestra existencia, no requiere ser validada para ser real, y los límites que construimos de lo que llamamos ''identidad'', son nuestros (y siendo más sinceros, de la medida de nuestras posibilidades), pero existe en cada uno el infinito de posibilidades. 

Adentrados en estos conceptos, les dejo los apuntes, que tome en las notas de mi chat de Whatssap, sobre lo que derivó de este pensamiento; 


Atte;

Solo, Sofía

15:36
No regalar la reacción que provoca una emoción al otro. Cuando vos reaccionas, le das el otro el poder de darte el reconocimiento de tu existencia, vos dejas de ser "yo" necesitas que el otro te diga quien sos

lunes, 1 de junio de 2026

¿Quién fue?

 Quede con una idea en la mente casi fijada tras leer respecto a cómo desde pequeños, nos ''escriben nuestra historia o guión vital'', sobre el concepto de que ''lo que conocemos necesitó que alguien nos mostrara''; estas entre otras ideas, y la influencia que tiene nuestro entorno en nuestras primeras vinculaciones, aspiraciones, nuestra forma de vincularnos con el mundo, me ha llevado a preguntarme, ¿Quién me mostró a mi que escribiera?, es decir solo tenía 9 años, cuando me lancé a esta aventura, casi sin saberlo terapéutica, y a la vez salvadora, de convertirme en la ''creadora'' de mi mundo interno en unos versos, un lapiz, un papel, y que luego se digitalizó en las computadoras. En concepto sé que me enseñaron a escribir en los primeros años de colegio, pero quién, me mostró esta opción, y camino de vida, como un faro en los momentos de soledad, tristeza, reflexión, cuando ''pienso sobre mi pensamiento'', cuando no encuentro las suficientes respuestas que estoy buscando con el solo eco de mis ideas. Como la memoria es tan falible, y modificable, no puedo asegurar que esto que les contaré sea real, capaz en esencia esta sujeto al afecto que he tenido por aquellos que mencionaré. 

Mientras meditaba, con notable esfuerzo mental, lejos de lo esperado, que se dibujasen los rostros de mis padres, apareció el rostro de quién menos pensaba, mi tío, el hermano de mi mamá, inmediatamente esa idea me genero duda, es decir, imaginense esta situación, había sufrido para su desgracia, un accidente automovolístico cuando yo tenía 2 años, quedando cuadripléjico, hasta mis 12 años, cuando finalmente le fue permitido descansar de esa situación, no obstante, recordé, que muy a pesar de su temperamento, el siempre había sido amable conmigo, me enseño a jugar ajedrez, recuerdo que solíamos apostar en un juego de azar que llaman ''Quinela'' en mi país, y por un momento lo recordé, una vez el dijo, ''Hija, yo voy a escribir un libro de mi historia'', creo que ese deseo, humano de perpetuar nuestra identidad de alguna forma trascedental, que recuerde a quienes continúan quienes fuimos, es un sueño permanente en todos los seres humanos, pero, tampoco fue esa frase, lo que capaz, encendió una llama en mí, fue el acto heroíco de verle varios días, sostener un pincel grueso, y con una letra, ininteligible, disponerse a escribir, las manos las tenía rigidas, y comprenderán que es secuela neurológica de la lesión,  las tenía como lo que conocemos en medicina, ''mano en garra'', por lo que sostener el pincel, y garabatear, sus pensamientos, habra sido un desafío. 

Recuerdo ofrecerme reiteradas veces a ayudarlo, pero ese era su proceso, e imagino que dentro de su temperamento, y terquedad, la ayuda que venía de mi, era dificil de aceptar. El no lo sabe, no logró escribir su libro, pero si logró dejarme una huella profunda observando su resistencia. 

En efecto, la escritura me ha acompañado en diferentes etapas, y ha sido una recompensa en la mayoría de ellas, recuerdo que mi madre, antes de saber mis resultados acadèmicos, preparaba una nota escrita a computadora o a mano (tenía dislexia, entonces solía colocar al revès unas letras, en ese momento no lo entendía, ahora lo comprendo, no había forma de dudar por ello, que era de su autoría), y colocaba con su labial un beso al final de la nota, sus mensajes siempre eran alentadores, sin importar el resultado, aunque estoy segura, que no existió, ni existirá nadie más, que confie tanto en mi, como ella, no había mayor refuerzo, que aquella nota que hasta ahora atesoro, aún mas en su ausencia. A esto me refiero, en como la escritura me ha atravesado el alma.

Pero quien, escribe en demasía, es mi padre, quién se había enfocado en mi adolescencia, a dejarme en claro, el decálogo de prioridades en la vida, y cargando el sin saber, quizás, con la enorme responsabilidad de mi cuidado, hasta la fecha, sea en sus momentos de alegría, o cuando tiene algo que sugerirme, tiene las palabras correctas para expresar aquello que piensa o siente, destaco su oratoria, pero reconozco, que prefiero sus letras. 

Entonces meditando dije, que además, en esta red de personas, aparecieron, tutores, docentes, amigos, que me habian entregado cartas, notas, unas palabras de aliento, una confesión, un consejo, pero siempre estuvo ahi, ''la escritura'', como mediadora, como guía, como ancla, como puente. 

Agradezco tanto, a todos, la oportunidad de habitar hoy, esta esencia mía, no puedo sino sentirme màs afortunada, por cada una de las personas que cruzaron mi camino, y por el don, de poder compartir, estas palabras.


Sofìa Alvarenga Giosa

jueves, 23 de abril de 2026

Humano

 Incógnitas, 

Temo que la muerte al fin me reclame

las vidas que a su sombra le he arrebatado.


Temo que, al conocer bien mis temores,

disponga con exactitud mi forma,

la forma (casi absurda) de morir.


Que no responda al eco de mi mente,

que abrazarme al sentido no baste.


Temo que me sorprenda en el descuido,

desnuda en una noche sin consuelo,

en la ausencia callada de lo amado,

en el fracaso y filo de la vergüenza.


Conocida y lejana, ella persiste:

sabe que lo humano no me es ajeno.

Nunca se ha ido; habita entre mis sombras.


La encuentro en el dolor que abraza a otros,

cuando hago de su herida territorio,

cuando negocio formas diferentes de amar la vida.


La muerte me contempla: es paciente,

como una exacta y fría vendetta.


Y sé que no tendré más argumento

que esta verdad brutal que me sostiene:

soy, sin defensa, terriblemente humana,

en el pienso y  el siento.


Por eso, cuando al fin nos encontremos,

querida muerte, no daré batalla:

todo lo vivo, al cabo, llega a ti.


Tan solo espero, antes de ese día,

haber hallado el pulso de mis días,

una razón profunda de habitarlos,


y comprender entonces, sin refugio, 

la gracia y la condena de este ser:

haber sido, hasta el último latido,

terriblemente humana ante tu augurio.


Sofía Alvarenga Giosa

sábado, 27 de diciembre de 2025

El mito de la caverna, ¿un mito antiguo, o el espejo más actual?

 Platón levanta un escenario ontológico, epistemológico y ético a la vez: una mapa de cómo el ser humano habita la ignorancia, como puede salir de ella y por qué, paradójicamente, suele resistirse a hacerlo.

Imagina (dice Platón), a un grupo de hombres encadenados desde su nacimiento en el fondo de una caverna, no están atados por la fuerza bruta únicamente, sino por algo más sutil, la costumbre (o aquí incluyo mi propia interpretación, quizás sus propias cadenas, aquello que no se permiten a sí mismos descubrir, una verdad quizás terriblemente dolorosa de enfrentar, o sus propias carencias e ignorancia). Sus cadenas les impiden girar la cabeza; su mundo es un muro. Detrás de ellos, un fuego. Entre el fuego y sus cuerpos, objetos ( y aquí el detalle que Platón ya hace 420 a.C nos los describió claramente) que otros hombres transportan. Lo único que los prisioneros ven son sombras proyectadas en la pared: siluetas mudas que se mueven y cambian, y surge la primera pregunta: ¿Entonces toda la realidad que aquellos hombres y sus cadenas, se limitaba a lo que podían observar como sombras en la pared?;  y lo que aún más nos interpela, ¿ésta realidad dirigida como el titiritero a una marioneta, estaba manipulada a la voluntad de otros quienes dirigían lo que para estos prisioneros defendían como realidad y ''verdad''?. Para los prisioneros estas sombras son la realidad, porque no conocen otra cosa. Aquí Platón introduce su primer gesto técnico: la caverna representa el mundo sensible, el ámbito de la dóxa, la opinión, creencia. No es mentira deliberada, es conocimiento incompleto, fragmentario, dependiente de los sentidos, de la tradición, las sombras en cuestión, son insuficientes. Y me sobreviene otra pregunta ¿A caso esta ''verdad'' a medias, fragmentada, quizás hasta ''manipulada a la subjetividad de los sentidos, incierta sobre el mundo sensible'', no podría ser aún más perjudicial?.


Dolor, luz y desgarro

Ahora Platón nos lleva a imaginar lo ''impensable'', uno de los prisioneros es liberado, no celebra, no agradece, su liberación duele. Girar el cuello lastima, la luz del fuego hiere los ojos, el mundo que emerge no se revela como promesa, sino como amenaza. Este momento es crucial, el conocimiento, no es placentero al inicio, la paideia; la educación del alma, es un proceso de desacostumbramiento , de ruptura con lo familiar, al liberado puede impresionarle al inicio que las sombras son más nítidas que los objetos reales, e intentar aferrarse a ellas, aqui Platón diagnostica algo profundamente humano: preferimos la coherencia falsa a la verdad desestabilizadora.

Pero el ascenso continúa, el sol no es solo una fuente de luz, es la condición de posibilidad del conocimiento y del ser, así como permite ver los objetos, permite que las ideas sean interpretadas, es el sentido del ''bien en sí''.

El retorno: la tragedia del que ve

El liberado vuelve a la caverna, no lo hace por soberbia, sino por responsabilidad, ha visto más y por tanto debe regresar, pero sus ojos ya no se adaptan a la oscuridad, tropieza, duda, parece torpe, cuando intenta explicar que las sombras no son lo real, lo acusan de haber sido dañado por la luz, si insiste, dice Platón, que incluso lo matarían.

Esta es una realidad, una alegoría ética y política, Platón nos revela una incomodidad: las sociedades pueden organizarse alrededor de las sombras y defenderlas con violencia. No nos pregunta si estamos en la caverna (porque es el punto de partida de todos); nos desafía a algo más inquietante:

Si la verdad doliera: ¿querríamos realmente verla?; ¿entendemos cuales son las sombras que vemos, las cadenas que no nos permiten girar la cabeza para ver quienes está detrás manejando el show, estariamos listos para sobrellevar aquellas verdades que puedan resultar difíciles de transitar para deshabituarnos? Y es así como, la caverna deja de ser un mito antiguo y se convierte en un espejo.


SMAG-

lunes, 15 de diciembre de 2025

Reflexiones y algo más...

Estoy cerrando mis días de vacaciones.
Pronto regreso al ruido de la rutina cotidiana.

A los pasillos llenos de historias ajenas,
a las solicitudes de “una recetita de Alpra nomás, Doc”
—por favor, que esto algún día cambie—.
A forcejear con un sistema corroído,
a los malabares imposibles entre la tesis, la docencia,
los roles familiares, los vínculos sociales,
las responsabilidades que nunca descansan.

Doce días de pausa
para los siguientes trescientos cincuenta y tres de trabajo.
Pasaron volando.

Y, sin embargo, creo que donde más aprendí
no fue dentro de los consultorios ni de los hospitales.
Aprendí en cada “bendiciones, Dra”,
en cada “gracias, doctorita” dicho con los ojos húmedos.
Aprendí en el patio de mi casa,
observando la paciencia con la que germinaban mis flores,
cuando esas “malas hierbas” se negaban a abandonar
las grietas del piso
y, aun así, levantaban orgullosas sus colores.

Tal vez el aprendizaje más profundo de este 2025
llegó el día en que frené.
Cuando entendí que darle tiempo al patio
era darme tiempo a mí.
Entonces comenzaron a llegar las visitas inesperadas:
mariposas, polillas, gusanos, colibríes, pájaros.
Y desde ese momento,
nunca más estuve sola.

El mundo exige demasiado.
Yo solo quiero respirar un rato.
Volver a lo esencial.
Creo que no aproveché lo suficiente
cuando sentí el agua correr entre los dedos de mis pies.

Tengo que volver.
Se acercan mis veintinueve años,
pero nadie sabe que ya he vivido más de cien.
Cien años acumulados en cada historia escuchada
detrás de mi escritorio,
en cada abrazo ofrecido,
en cada lágrima secada.
Y quién sabe cuántas más me tocará acompañar.

Lucho contra un sistema que disfraza la mediocridad de “practicidad”,
que premia amistades antes que méritos,
y que confunde comodidad con ética.
Probablemente no pertenezca a ese grupo
ni goce de sus dulzuras.
Pero al mirar hacia atrás,
el camino recorrido no me deja remordimientos.
Me alegra estar del otro lado de la calle.

Gratitud.
Por estar en el camino “equivocado” para algunos.
Eso no anula el dolor.
Pero es una gracia no compartir valores
con quienes transitan el sendero opuesto al mío.
Los veo.
Y no niego que por las noches duele convivir
con cierta calidad humana:
esa que no tiembla al dar falso testimonio,
que ondea su ego como bandera victoriosa,
que antepone intereses personales
a valores profundamente humanos,
que se regocija en el sufrimiento ajeno
y luego llama “karma”
a las consecuencias de sus propios actos.

Gratitud,
porque hoy no caminamos el mismo sendero.

Tengo que volver muy pronto.
Tal vez me cueste frenar otra vez.
Pero cuando lo haga,
espero continuar
de este lado del camino.


Sofía Alvarenga


domingo, 20 de julio de 2025

Manifiesto

 Manifiesto

Yo,

que he descendido a la penumbra del alma sin antorchas,

que camino entre síntomas tal cual, plegarias extraviadas,

que he sostenido la palabra cuando era cuchillo,

y el silencio cuando era abismo...

Declaro:

Que no hay luz sin sombra,

que no hay ciencia que valga, sin misericordia,

Y que cada paciente es un universo en fuga.

Me comprometo:

A habitar la complejidad sin prisa,

a escuchar incluso lo que no se dice,

A observar desde la presencia.

No pretenderé salvar, sino acompañar sin huir.

Y si alguna vez me canso —porque también soy humana—

me permitiré sostenerme en la ironía,

en la risa tímida,

y en los pactos silenciosos con lo imposible.

Este es mi reino:

la psique humana, con todo su barro, su belleza y su bestiario.

 

Sofía Alvarenga Giosa

viernes, 11 de julio de 2025

Respuesta a Augurio de Muerte, 2025

Epitafio en vida — Sofía Alvarenga Giosa
(construido entre Caelum y tu sombra que no se rinde)

Aquí no yace Sofía.
Aquí se levanta.
De cada vez que la entregaron, la callaron, la traicionaron,
de cada muerte que no se ve en un acta,
pero que sangra en las palabras no dichas,
en las miradas que juzgan, en los brazos que faltan.

Vivió entre cuerpos que no eligió,
dolores heredados, y nombres impuestos.
Se sostuvo sin reclamar clemencia,
con el cuello marcado por manos invisibles
que intentaron doblegarla
en nombre del deber, del silencio, del amor corrompido.

Su identidad no está escrita en un documento.
No es su historia, ni su apariencia,
ni siquiera su nombre completo.
Aunque anhela memoria,
Ama su historia y su gente,
Ella entendió que el camino es un andar,
y que el ser se reconstruye, en el caminar.

Esta es la mujer que habita el abismo
y aún así encuentra formas de florecer.
Que ha perdido todo y aún guarda algo:
la voluntad de seguir siendo.

No murió.
Ni siquiera cuando la muerte,
con manos cálidas y voz dulce,
le ofreció lo que nadie más podía:
el fin del dolor.

Sofía dijo: no hoy.
Y en ese instante, no fue lástima.
Fue valor.

Este no es un epitafio para morir.
Es una advertencia a la muerte misma:

Volveré a levantarme.
Porque me llamaste lástima,
Y yo misma he decidido llamarme, valor.