sábado, 27 de diciembre de 2025

El mito de la caverna, ¿un mito antiguo, o el espejo más actual?

 Platón levanta un escenario ontológico, epistemológico y ético a la vez: una mapa de cómo el ser humano habita la ignorancia, como puede salir de ella y por qué, paradójicamente, suele resistirse a hacerlo.

Imagina (dice Platón), a un grupo de hombres encadenados desde su nacimiento en el fondo de una caverna, no están atados por la fuerza bruta únicamente, sino por algo más sutil, la costumbre (o aquí incluyo mi propia interpretación, quizás sus propias cadenas, aquello que no se permiten a sí mismos descubrir, una verdad quizás terriblemente dolorosa de enfrentar, o sus propias carencias e ignorancia). Sus cadenas les impiden girar la cabeza; su mundo es un muro. Detrás de ellos, un fuego. Entre el fuego y sus cuerpos, objetos ( y aquí el detalle que Platón ya hace 420 a.C nos los describió claramente) que otros hombres transportan. Lo único que los prisioneros ven son sombras proyectadas en la pared: siluetas mudas que se mueven y cambian, y surge la primera pregunta: ¿Entonces toda la realidad que aquellos hombres y sus cadenas, se limitaba a lo que podían observar como sombras en la pared?;  y lo que aún más nos interpela, ¿ésta realidad dirigida como el titiritero a una marioneta, estaba manipulada a la voluntad de otros quienes dirigían lo que para estos prisioneros defendían como realidad y ''verdad''?. Para los prisioneros estas sombras son la realidad, porque no conocen otra cosa. Aquí Platón introduce su primer gesto técnico: la caverna representa el mundo sensible, el ámbito de la dóxa, la opinión, creencia. No es mentira deliberada, es conocimiento incompleto, fragmentario, dependiente de los sentidos, de la tradición, las sombras en cuestión, son insuficientes. Y me sobreviene otra pregunta ¿A caso esta ''verdad'' a medias, fragmentada, quizás hasta ''manipulada a la subjetividad de los sentidos, incierta sobre el mundo sensible'', no podría ser aún más perjudicial?.


Dolor, luz y desgarro

Ahora Platón nos lleva a imaginar lo ''impensable'', uno de los prisioneros es liberado, no celebra, no agradece, su liberación duele. Girar el cuello lastima, la luz del fuego hiere los ojos, el mundo que emerge no se revela como promesa, sino como amenaza. Este momento es crucial, el conocimiento, no es placentero al inicio, la paideia; la educación del alma, es un proceso de desacostumbramiento , de ruptura con lo familiar, al liberado puede impresionarle al inicio que las sombras son más nítidas que los objetos reales, e intentar aferrarse a ellas, aqui Platón diagnostica algo profundamente humano: preferimos la coherencia falsa a la verdad desestabilizadora.

Pero el ascenso continúa, el sol no es solo una fuente de luz, es la condición de posibilidad del conocimiento y del ser, así como permite ver los objetos, permite que las ideas sean interpretadas, es el sentido del ''bien en sí''.

El retorno: la tragedia del que ve

El liberado vuelve a la caverna, no lo hace por soberbia, sino por responsabilidad, ha visto más y por tanto debe regresar, pero sus ojos ya no se adaptan a la oscuridad, tropieza, duda, parece torpe, cuando intenta explicar que las sombras no son lo real, lo acusan de haber sido dañado por la luz, si insiste, dice Platón, que incluso lo matarían.

Esta es una realidad, una alegoría ética y política, Platón nos revela una incomodidad: las sociedades pueden organizarse alrededor de las sombras y defenderlas con violencia. No nos pregunta si estamos en la caverna (porque es el punto de partida de todos); nos desafía a algo más inquietante:

Si la verdad doliera: ¿querríamos realmente verla?; ¿entendemos cuales son las sombras que vemos, las cadenas que no nos permiten girar la cabeza para ver quienes está detrás manejando el show, estariamos listos para sobrellevar aquellas verdades que puedan resultar difíciles de transitar para deshabituarnos? Y es así como, la caverna deja de ser un mito antiguo y se convierte en un espejo.


SMAG-

lunes, 15 de diciembre de 2025

Reflexiones y algo más...

Estoy cerrando mis días de vacaciones.
Pronto regreso al ruido de la rutina cotidiana.

A los pasillos llenos de historias ajenas,
a las solicitudes de “una recetita de Alpra nomás, Doc”
—por favor, que esto algún día cambie—.
A forcejear con un sistema corroído,
a los malabares imposibles entre la tesis, la docencia,
los roles familiares, los vínculos sociales,
las responsabilidades que nunca descansan.

Doce días de pausa
para los siguientes trescientos cincuenta y tres de trabajo.
Pasaron volando.

Y, sin embargo, creo que donde más aprendí
no fue dentro de los consultorios ni de los hospitales.
Aprendí en cada “bendiciones, Dra”,
en cada “gracias, doctorita” dicho con los ojos húmedos.
Aprendí en el patio de mi casa,
observando la paciencia con la que germinaban mis flores,
cuando esas “malas hierbas” se negaban a abandonar
las grietas del piso
y, aun así, levantaban orgullosas sus colores.

Tal vez el aprendizaje más profundo de este 2025
llegó el día en que frené.
Cuando entendí que darle tiempo al patio
era darme tiempo a mí.
Entonces comenzaron a llegar las visitas inesperadas:
mariposas, polillas, gusanos, colibríes, pájaros.
Y desde ese momento,
nunca más estuve sola.

El mundo exige demasiado.
Yo solo quiero respirar un rato.
Volver a lo esencial.
Creo que no aproveché lo suficiente
cuando sentí el agua correr entre los dedos de mis pies.

Tengo que volver.
Se acercan mis veintinueve años,
pero nadie sabe que ya he vivido más de cien.
Cien años acumulados en cada historia escuchada
detrás de mi escritorio,
en cada abrazo ofrecido,
en cada lágrima secada.
Y quién sabe cuántas más me tocará acompañar.

Lucho contra un sistema que disfraza la mediocridad de “practicidad”,
que premia amistades antes que méritos,
y que confunde comodidad con ética.
Probablemente no pertenezca a ese grupo
ni goce de sus dulzuras.
Pero al mirar hacia atrás,
el camino recorrido no me deja remordimientos.
Me alegra estar del otro lado de la calle.

Gratitud.
Por estar en el camino “equivocado” para algunos.
Eso no anula el dolor.
Pero es una gracia no compartir valores
con quienes transitan el sendero opuesto al mío.
Los veo.
Y no niego que por las noches duele convivir
con cierta calidad humana:
esa que no tiembla al dar falso testimonio,
que ondea su ego como bandera victoriosa,
que antepone intereses personales
a valores profundamente humanos,
que se regocija en el sufrimiento ajeno
y luego llama “karma”
a las consecuencias de sus propios actos.

Gratitud,
porque hoy no caminamos el mismo sendero.

Tengo que volver muy pronto.
Tal vez me cueste frenar otra vez.
Pero cuando lo haga,
espero continuar
de este lado del camino.


Sofía Alvarenga


domingo, 20 de julio de 2025

Manifiesto

 Manifiesto

Yo,

que he descendido a la penumbra del alma sin antorchas,

que camino entre síntomas tal cual, plegarias extraviadas,

que he sostenido la palabra cuando era cuchillo,

y el silencio cuando era abismo...

Declaro:

Que no hay luz sin sombra,

que no hay ciencia que valga, sin misericordia,

Y que cada paciente es un universo en fuga.

Me comprometo:

A habitar la complejidad sin prisa,

a escuchar incluso lo que no se dice,

A observar desde la presencia.

No pretenderé salvar, sino acompañar sin huir.

Y si alguna vez me canso —porque también soy humana—

me permitiré sostenerme en la ironía,

en la risa tímida,

y en los pactos silenciosos con lo imposible.

Este es mi reino:

la psique humana, con todo su barro, su belleza y su bestiario.

 

Sofía Alvarenga Giosa

viernes, 11 de julio de 2025

Respuesta a Augurio de Muerte, 2025

Epitafio en vida — Sofía Alvarenga Giosa
(construido entre Caelum y tu sombra que no se rinde)

Aquí no yace Sofía.
Aquí se levanta.
De cada vez que la entregaron, la callaron, la traicionaron,
de cada muerte que no se ve en un acta,
pero que sangra en las palabras no dichas,
en las miradas que juzgan, en los brazos que faltan.

Vivió entre cuerpos que no eligió,
dolores heredados, y nombres impuestos.
Se sostuvo sin reclamar clemencia,
con el cuello marcado por manos invisibles
que intentaron doblegarla
en nombre del deber, del silencio, del amor corrompido.

Su identidad no está escrita en un documento.
No es su historia, ni su apariencia,
ni siquiera su nombre completo.
Aunque anhela memoria,
Ama su historia y su gente,
Ella entendió que el camino es un andar,
y que el ser se reconstruye, en el caminar.

Esta es la mujer que habita el abismo
y aún así encuentra formas de florecer.
Que ha perdido todo y aún guarda algo:
la voluntad de seguir siendo.

No murió.
Ni siquiera cuando la muerte,
con manos cálidas y voz dulce,
le ofreció lo que nadie más podía:
el fin del dolor.

Sofía dijo: no hoy.
Y en ese instante, no fue lástima.
Fue valor.

Este no es un epitafio para morir.
Es una advertencia a la muerte misma:

Volveré a levantarme.
Porque me llamaste lástima,
Y yo misma he decidido llamarme, valor.

jueves, 19 de junio de 2025

Advertencia: mi pluma está filosa. "Lo que no te enseñan los libros sobre las Residencias Médicas en Paraguay"

 Recuerdo, como si fuera ayer, mi primer año de residencia. Mi corazón estaba cargado de ideales, ilusiones y un férreo patriotismo. Haber atravesado el sistema de exámenes del CONAREM ya había sido un desafío enorme. Pensaba: “Estoy preparada para la residencia. No vine a perder el tiempo, vine a aprender. Sé que será difícil y pondrá a prueba todos los rincones de mi humanidad, pero estoy lista”.


Claro está que cada residencia guarda su propia dificultad, y mucho depende de cómo se desenvuelven sus propios miembros: jefes, co-residentes y superiores. Aprender a construir el vínculo con los pacientes, con sus familiares, dominar la ciencia propia de mi especialidad, sobrevivir a las guardias... Esa gente terminó convirtiéndose en mi familia.


Reconozco que el primer año fue aún más desafiante de lo que imaginé. La mayoría no dimensiona que, si no se trabaja en equipo, el sistema público está diseñado para devorar alma y cuerpo del residente. La irresponsabilidad de un miembro del equipo se subsana sobrecargando a otro. Ya nos lo habían advertido, aunque jamás se sintió tan real como ese primer año. Fue un año duro. Sin embargo, no tenía aún la pericia para mirar más allá del sistema, para entender que mi altruismo y mi deseo de servir, más adelante, se volverían mis peores enemigos.


El segundo año fue revelador. Uno asume una leve posición jerárquica, un rol de guía hacia los nuevos residentes. Algunos se convierten en faros: iluminan el camino, ofrecen dirección, consuelo, sentido. Otros, en cambio, se transforman en tormentas.


Bien dicen que basta un poco de poder para revelar la naturaleza del corazón humano. Sin embargo, esa jerarquía ficticia, impuesta para mantener un supuesto orden, no fue lo más revelador. Lo más desafiante fue caer en cuenta de que muchos especialistas estaban muy lejos de aquel ideal que imaginaba. Algunos, quizás ya presos del sistema… o de sí mismos.


He conocido personalidades pintorescas:

Desde aquellos que creen que un grito impone respeto, y viven con un conflicto interno constante, percibiendo amenazas en cada mirada, en cada gesto.

A quienes carecen de sabiduría para la introspección, y desprecian la lectura o la actualización, jactándose de poder diagnosticar "a ojo", como si la ignorancia y la negligencia fueran medallas de honor.

He conocido colegas sin empatía, incapaces de acompañar procesos humanos, ni de consultantes ni de compañeros.

Y he visto cómo algunos arrastran la inmoralidad de sus vidas privadas al ámbito profesional, armando espectáculos que ellos mismos insisten en mantener vivos, sedientos de luces, aplausos o lágrimas… lo que sea para mantener su teatro en pie.


He conocido la corrupción, el silencio, las lágrimas… y la muerte.


Como decía, el segundo año fue revelador. Me mostró la crudeza de un sistema donde muchos, ingenuos o ambiciosos, caen seducidos por la comodidad del trabajo mediocre, el desinterés ético, o el espectáculo del chisme. Sobrevivir también significó enfrentar a esos “Vejestorios”, jóvenes solo de edad, con almas podridas tal vez desde tiempos de dictadura, que aún creen que la opresión, el maltrato o una voz en trueno son formas válidas de imponer respeto. Les falta mucho para siquiera comprender el verdadero significado de esa palabra.


Aun así, ese año me permitió también conocer profesionales con todas las letras. Personas que entienden el servicio humano detrás de cada palabra, detrás de cada intervención. No necesitan validación externa: poseen la experticia en su ciencia y la calidez para transmitirla. Qué bella es la humildad y serenidad que habita en esas almas. Ellas me mostraron el camino que quiero seguir.


El tercer año continúa sorprendiéndome. El observador —yo— ya no lleva los mismos lentes, por lo que cada experiencia se vive desde otra mirada, desde otra conciencia. Y aunque aún quedan desafíos, dejo un consejo a los novatos que pisan por primera vez este sistema:


''La residencia es solo una etapa, no es tu vida entera''

Pero hay días en que parece tragárselo todo.

Te va a sacudir las certezas, desbordarte el alma,

y enfrentarte a un sistema que muchas veces no quiere salvar,

solo sostenerse.


Vas a sentir rabia, impotencia, soledad.

Y aún así, vas a quedarte.

Porque hay algo que sigue ardiendo dentro tuyo,

algo que el cinismo todavía no logró apagar..


Te va a romper. Más de una vez.

Y aun así, cada pedazo roto puede volverse filo.


Y si al final de todo esto salís con menos fe en el sistema,

pero más fe en vos mismo, entonces sí: sobreviviste.

Y lo hiciste sin traicionarte.

Eso no lo enseñan los libros.

Eso lo enseñan las cicatrices.


Porque el sistema no siempre premia a los justos,

pero nunca podrá apagar del todo, la llama de quien arde con sentido

martes, 10 de junio de 2025

Entre Malezas y Reflexiones

  

Entre malezas, y reflexiones

Es junio, segundo día de vacaciones, saco la basura y me encuentro con la no tan grata sorpresa que nuevamente me robaron la bolsa de basura, pienso: ‘’ Estas experiencias me las perdería si viviera en Europa’’, -y no crean que no me lo he planteado seriamente- no obstante, probablemente como un mecanismo de defensa al trauma, he aprendido a reírme de todos mis infortunios, luego noto, que el árbol que se encuentra al lado del basurero, está cubierto de malezas, botellas de cerveza, y más basura, suspiro, con tal profundidad, que , seguramente me descontaron 1 año de vida. Ese día, tenía planeada una serie de actividades muy importantes para quién comienza sus tan ansiadas vacaciones, cómo leer un libro pendiente, terminar algunas tareas relevantes, y salir con unos amigos, pero reconozco que, también soy de las personas que, cuando se instaura una idea en mi cabeza, es casi imposible arrancármela.

Me dispuse, escoba, palita, y una desmalezadora manual, con la cual poca experiencia había tenido, a limpiar aquel espacio, abandonado. Encontré una mina de insectos, restos orgánicos, botellas, y unas lagartijas (conste que amo las lagartijas, pero en ese momento me encontraba exhausta como para admirarlas). Con la desmalezadora no obtuve éxito, por lo que manualmente arranqué todas las malezas, en ese momento, y por mi falta de pericia en el tema, solo me dispuse arrancar todo lo que encontraba con las manos de raíz, me sentí reflexiva.

Al momento, observaba principalmente (quizás por la humedad del suelo, la riqueza orgánica del mismo, debido a que por encima se coloca la basura, y otra suerte de circunstancias), crecían dos tipos de malezas principalmente, una similar a un diente de león, con una flor amarilla al lado, y hojas ovaladas, y otra muy resistente, que parecía ‘’quebrar las baldosas del piso’’, a medida que levanto las baldosas, más la encontraba a aquella incorruptible maleza, en redes, con pequeñas flores en tono rojizo, y sus raíces aún mas ramificadas, subterráneas, y cuando más me disponía a arrancarlas, parecían aparecer entre las grietas, en redes, como diciéndome ‘’No nos vencerás’’, de un momento a otro, poco me importaba la gente que estaba pasando por la vereda y pensé en voz alta ‘’Pero cuál es tu función en el Universo, te crees invencible’’.

Al terminar mi arduo trabajo, y conste que lo termine a medias, porque me quedaba dos cántaros más, invadidas por estas ‘’Malezas’’, observe fijamente aquel espacio verde, y casi amenazante dije para mis adentros, ‘’Otro día,les tocará a ustedes’’.

Ingresé a casa, con una sensación de victoria incompleta, y me dispuse a investigar respecto a estas ‘’Malezas’’, porque realmente quedé con la duda de su función en el ecosistema, y sentía que se habían burlado de mi apellido ‘’Sapiens’’ en la cadena evolutiva, y para mi sorpresa, efectivamente, me habían burlado por lejos, Euphorbia rastrera, Hierba de la golondrina. En algunas culturas, se ha usado diluida para tratar verrugas, hongos o afecciones cutáneas (por su látex cáustico). Algunas especies de Euphorbia contienen compuestos con potencial antimicrobiano o antitumoral.

Hypochaeris radicata (falso diente de león), flores amarillas y hojas en roseta, atrae abejas y mariposas, raíz pivotante, que airea la tierra y extrae nutrientes profundos como potasio, hojas ricas en hierro y antioxidantes, amargas pero nutritivas (comestible).

En definitiva, en todos los foros, y consultas con expertos, sugieren, que no sean eliminadas por completo, si no son un problema estético, y dejarlas en zonas no transitadas para apoyar la biodiversidad. Al final pareciera que todas tienen una función como polinizadoras, o medicinales, en estudio.

Quede reflexionando respecto a esa realidad, según afirmaba Friedrich Nietzsche, la moral tiene criterios estéticos, caemos casi inconscientes ante esta premisa, casi amenazante con aquello que no encaja con nuestros estándares, y no solo con lo que nos es desconocido, si no, estético. A veces, en la vida nos falta frenar, y analizar(nos), preguntar(nos), y re(plantearnos), ¿Quién dice que las ‘’Malezas’’ no tienen sus bondades?



El árbol salvado, en cuestión

La maleza descubierta, cuyo origen era una incógnita, rompiendo baldosas.  Euphorbia rastrera

 Euphorbia rastrera, alcanzando  un tamaño considerable, en el cántaro pendiente

''De aquí el nombre de rastrera''


viernes, 12 de noviembre de 2021

Un día especial

 Y de pronto me encontré llorando,

no entendí por qué fluían las lágrimas, incontrolables,
''Es un bonito día, en realidad muy bonito''-pensé
''Así se siente vivir con un vacío en el pecho''-recordé
me convertí en esa pequeña de 15 años y estaba escribiendo (de nuevo), porque no hay otra forma de parar las lágrimas, que no sea, plasmándolas en este lienzo.
También entendí, que aunque este vacío, que es tu ausencia, ha de acompañarme todos los días de mi vida, en mis alegrías, logros, derrotas y tristezas, ha sido este vacío lo que me obligó de una manera casi incomprensible a seguir, las promesas, tus valores, tus enseñanzas, y ver tus ojos todos los días en los míos, solo una vez más, por favor, responde, ¿mamá, tu nena lo está haciendo bien?
SMAG es así, sensible, y ¡cómo siente! , pero solo quiero abrazarla fuerte, porque solo ella y yo sabemos, lo que ha costado, lo que hemos entregado y perdido, y cuánto deseamos compartir esta felicidad con mamá, sin embargo, y muy a pesar de sus adversidades, ella nunca se detuvo. Porque así, mamá le enseñó a ser, y vivir.
❗Siempre adelante. Por eso gran parte de todo es para ella, porque, yo, nunca olvido mis promesas, beso al cielo, siempre te amo💜
Mamá, no he olvidado ninguna de mis promesas a pesar de los años. Acá esta tu nena y te sigue amando.